De viaje a Yosemite

El pasado 12 de octubre cogí un avión a Estados Unidos con varios objetivos; uno de ellos, el que voy a compartir con vosotros, era descubrir, conocer y patear el primer parque nacional de la historia, el parque de Yosemite (que en inglés se pronunciaría Yosímiri, curioso, ¿eh?), un lugar repleto de naturaleza, vida, agua y sensaciones.  A continuación un pequeño resumen de los distintos sitios que visitar (puedes ver más fotos de éste y otros viajes en mi cuenta de instagram @trotadventure)

Volé a San Francisco junto con mi amiga Hannah y pasamos el día allí, viendo las famosas colinas que nos fascinan en las películas, caminando por el Golden Gate, y ya descubriendo animales que no estoy acostumbrado a encontrarme en la península ibérica: pelícanos, focas, y el pequeño y rapidísimo capricho que estaba deseando poder fotografiar, el colibrí. Después de pasar todo el día en una ciudad, condujimos por las grandes y planas praderas de California, hasta que el sol se fue y no podíamos ver el entorno que nos rodeaba, aunque empezaba a intuir, por las curvas de la carretera y los cambios de altitud, que estábamos llegando al destino; y que por ser de noche nos estábamos perdiendo unas vistas que seguramente serían espectaculares.

Al despertar al día siguiente, comenzó nuestra aventura de 5 días. Por supuesto, acerté en lo de las vistas espectaculares. Las montañas se perdían en el cielo, las nubes paseaban entre los árboles y los rayos de sol jugaban con las formas.

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Día 1. Conociendo el valle:

Yosemite tiene dos zonas que concentran la mayoría de los inicios de las rutas, Yosemite Valley y Tuolumne Meadows. Para empezar decidimos conocer el valle, y hacer varias rutas más cortas e ir andando a cada una de ellas.

-Yosemite fall: Una cascada que se divide en dos caídas, upper Yosemite fall (la más alta), y lower Yosemite fall (la más baja). Después de una senda fácil de unos 20 minutos,  llegamos a un puente desde donde se veía la cascada baja. Pero seguimos los consejos de un amigo que vive allí y comenzamos a escalar un poco las rocas, dirección a la cascada, llegando así a la poza de agua donde caía la cascada, y donde pudimos comprobar que, como las vistas del parque, la temperatura del agua también quitaba la respiración.

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-Mirror lake: Después de nuestro descanso con los pies en las aguas de la cascada Yosemite, comenzamos a caminar dirección Mirror lake. Esta caminata era bastante plana, y te llevaba bordeando las faldas de las montañas (donde se veían escaladores practicando boulders sin cuerda) y entre los altísimos árboles, descubriendo de vez en cuando cuervos, steeler bluejays (un pájaro azul precioso), y varios ciervos que parecía no sentirse amenazados por nuestra presencia. Después de una hora y media de caminata llegamos al destino, un lago que, por ser la temporada que era, no lucía por el agua que tenía, pero sí por lo pictórico que había detrás y el efecto que se creaba al reflejarse los colores y las montañas en sus aguas.

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-Caminando por el río: Después de un camino entre los árboles repletos de amarillentas hojas, llegamos de nuevo al valle, y decidimos seguir el curso del río, saltando por las piedras y descubriendo caminos que no estaban marcados.

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-Tunnel view: Y para acabar un precioso primer día de descubrir el parque que John Muir luchó por convertir en un bien de la humanidad, decidimos coger el coche y tener un vistazo de una de las panorámicas más impresionantes del parque, Tunnel View. El sol se ponía por nuestras espaldas, y la raya sol-sombra que creaba al juntarse con las montañas que nos quedaban detrás iba subiendo. Y se hizo de noche, pero la oscuridad nos reveló una de las cosas más mágicas que jamás he visto en mi vida. El cielo se llenó de estrellas, la vía láctea presumía sobre nuestras cabezas, y en la silueta negra que era la montaña El Capitán, comenzaron a verse una decena de luces. Sólo eran puntos de luz, pero te hacía pensar que en esa pared había escaladores haciendo noche, pues es una subida de unos 3-5 días, y que sin quererlo, estaban brindado a mucha gente una imagen que te dejaba paralizado y sonriente.

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Día 2. El rompe huesos

El planning para este día era una ruta muy larga, nos sentíamos con ganas de retarnos y llegar a los límites para ver lo más profundo de Yosemite.

-Subiendo a Vernal Fall: la ruta comenzaba por un camino que ya avisaba de la dificultad del mismo y de la necesidad de llevar 2 litros de agua por persona. La mañana era fría y con niebla, pero al comenzar a subir, el frío fue desapareciendo aunque la niebla no. Después de una hora de camino, a lo lejos se veía una pared de color marrón vivo, y en ella una cascada. Seguíamos subiendo por el costado de una montaña, y finalmente llegamos a Vernal fall. Estar cerca de ella es impresionante, una caída de unos 100 metros que crea un gran estruendo constante por el continuo choque de la cascada con una piedra. A pesar del ruido, era un entorno relajante para todos los sentidos, e impresionante para la vista.

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-Subiendo montañas: El camino seguía básicamente escalando escalones desmesuradamente altos por la pared donde estaba la cascada, y acabando encima de ella. Tras la costosa subida, puedes ver el camino que has recorrido desde el principio, y si eres lo suficientemente valiente como para asomarte, puedes ver la zona donde cae la cascada, desde donde la habías contemplando. El camino sigue en subida con la gran visión del pico Half Dome a tu izquierda, acercándose a Nevada Fall, pero casi a punto de llegar, nace otro sendero que te lleva al camino de John Muir, con dirección a Glacier point.

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-Panorama Trail: Después de bajar la montaña que habíamos subido previamente, viendo nuevos paisajes, metiéndonos en un valle y atravesando el río Illinouette, y volviendo a subir otra montaña (unas 6 horas de ruta desde inicio de la ruta), llegamos a Panorama Trail, una ruta por la parte alta de la montaña, desde donde puedes ver Yosemite desde las alturas y sus picos, y que lleva directamente a Glacier Point. Este camino estaba lleno de pinos, una especie con las piñas gigantes y alargadas.

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-Glacier point: Probablemente el lugar más fotografiados de Yosemite por la peculiaridad de tener una roca saliente donde la gente se sube para hacerse fotos impresionantes (de hecho hay fotos de los años 60s, 70s, de bailarines arriesgando su vida para fotografiarse en ese punto, o incluso coches puestos allí para la foto) y por su impresionante vista de águila del parque. Después del largo camino, es un placer sentarte a ver las vistas, recordar todo el camino que has hecho, y recuperarte.

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Día 3. Visitando catedrales

Cathedral lake: Después del cansancio del día anterior, y con mi compañera de viaje medio lesionada, decidimos que lo mejor era hacer rutas cortas para darle una tregua a la cadera de Hannah. Nos dirigimos a Yosemite Meadows en coche, y una vez allí, comenzamos la ruta hacia Cathedral Lake. Este camino te lleva por bosque de pinos, y luego a grandes explanadas de pradera con montañas que parecen haber sido puestas aleatoriamente allí (como Cathedral Peak). Después de bordear la montaña intentando ver un oso, pero topándonos sólo con alguna mofeta, cientos de ardillas y chipmunks, varios steelerjays y otros pájaros no tan llamativos, comenzamos un pequeño descenso a una zona de plano rodeado por todos los costados (excepto por el frente) por montañas donde aún quedaban restos de nieve. Tras caminar entre charcas, llegamos a Cathedral Lake, un lago contenido en granito liso y brillante. Tras dar la vuelta al lago completo, volvimos a Yosemite meadows.

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-Tenaya Lake: si alguna vez he visto en mi vida un lago con aguas cristalinas, y a la vez que refleje perfectamente ,fue  éste. Con una pequeña playa a la que se accede por un bosque, encontramos unas aguas que reflejan montañas y el atardecer entre dos picos, pero que a la vez te dejan ver las piedras que están bajo ellas. Para este milagro de la naturaleza no hay ninguna ruta, de hecho, está pegado a la carretera, pero este hecho no hace que sea menos increíble.

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Día 4. Más allá del parque

Este fue el día en que decidimos salir del parque, irnos dirección oeste adentrándonos en las tierras californianas para descubrir otros lugares. He de decir que aunque los paisajes siguen impresionando, y es interesante ver las llanuras, nuevos lagos, y los pueblos de montaña típicos de las películas, una vez que entras en Yosemite, nada te impresiona y simplemente quieres disfrutar de ese lugar. Así que después de visitar un par de pueblos en las orillas de los lagos, volvimos al famoso parque natural, nuestro hogar durante cinco días.

-Patinaje sobre hielo: después del viaje de vuelta en coche, con música country sonando, llegamos a la entrada oeste del parque, donde aparcamos y comenzamos a caminar por las praderas, a cruzar ríos, y a seguir la ladera de la montaña (teniendo de fondo el pico Dana). A pesar de haber pasado el verano entero y de que aún no había empezado el frío de nuevo, encontramos en las zonas de río hielo lo suficientemente grueso como para patinar sobre él. Efectivamente, lo hicimos.

-May lake: Ya quedaban pocas cosas que ver en el mapa, y a la vez muchísimas. Decidimos subir a May lake, una caminata de unos 45 minutos hacia lo que aparentaba ser el pico de una montaña. Esta ruta, casi vacía de gente, presentaba la típica imagen donde un oso podría aparecer, pero de nuevo, no encontramos al gran mamífero. Al llegar al supuesto pico, vimos que no era nada más que la mitad de la montaña, pero ahí, como puesto para impresionar a la gente, estaba el lago ondeante por el viento característico a esa altitud. Después de comer, y con el pensamiento de “no he llegado aquí para no hacerlo”, me quité las varias capas de ropa que me abrigaban, me puse el bañador y salté a las gélidas aguas para aguantar no más de 10 segundos en ellas, pero con la una felicidad y orgullo casi infantiles.

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Día 5. Despedidas

Último día en Yosemite. El plan era hacer la ruta más bestia de todas, de unas 10 horas, y ésta era subir hasta la cumbre de El Capitán pasando por las dos cascadas Yosemite.  La lesión de mi compañera de viaje había ido a peor, así que, aunque me dolió no poder subir a la montaña que me había robado el corazón, decidí que era mejor estar con ella y hacer rutas más asequibles, o simplemente disfrutar de lugares de una forma más relajada. Los paseos de este día fueron para ver las secuoyas gigantes, y volver al valle. Mi aprendizaje fue que a veces merece la pena pararse a descansar y contemplar. Y como no pude ver El capitán desde arriba, me tumbé en una pradera, a las faldas de esta montaña llena de escaladores casi imperceptibles, y disfruté de la compañía y la naturaleza en un estado más relajado.

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Y como la magia engancha, no podía irme de aquel lugar sin volver a sorprenderme del espectáculo norcturno que las linternas de los escaladores creaban, así que fuimos a Tunnel View, y como el Sol aquel día, nos despedimos del parque, no sin antes hacerme una promesa en silencio: volver a Yosemite para escalar El Capitán, y que la luz de mi linterna sea la que le quite el aliento a alguien que esté mirando el paisaje nocturno desde Tunnel view.

 

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