Alimentos… ¿Funcionales?

Leches con omega-3, zumos enriquecidos con alguna vitamina, cereales con agregados de ácido fólico, yogures de todo tipo, son algunos pero claros ejemplos de alimentos  funcionales que no faltan en cualquier comercio alimentario.

Alimentos Funcionales

Alimentos Funcionales

Empecemos con la definición: “un alimento funcional es aquel que proporciona un efecto beneficioso extra para la salud, además de sus contenidos nutricionales básicos y  que pueden reducir el riesgo de padecer enfermedades”. Ello se consigue, bien porque se le haya añadido algún componente, se le haya extraído, sustituido o simplemente incrementado la concentración de alguno de sus ingredientes y así aporte una determinada propiedad beneficiosa al consumidor. Ojo y que la definición no cause confusión: ningún alimento funcional cura nada, no son medicamentos, son alimentos y su objetivo es ser incluidos en nuestra dieta según las recomendaciones.

Perfecto, ahora antes de continuar yo planteo, ¿de verdad son necesarios este tipo de alimentos? Mi opinión es la siguiente: si nosotros siguiéramos una dieta realmente equilibrada, NO;  sin embargo, es cierto que no todos tomamos las cantidades suficientes de ciertos nutrientes, o presentamos ciertas carencias. Para este grupo, los alimentos funcionales tienen sentido. Sin embargo el problema radica en que alrededor, a mi parecer, tienen una nube cargada de falsedad con un gran respaldo publicitario.

Pensar, ¿cómo se ha demostrado que un determinado alimento funcional, supone una mejoría? ¿Cómo sabes que se ingiere la cantidad adecuada para que ese funcional sea efectivo? Y lo más importante, el compuesto “estrella” que  contiene y por el que realmente pagas en un funcional (que por supuesto, siempre será más caro que el alimento tradicional), ¿es ciertamente beneficioso? ¿Contiene tu alimento las cantidades adecuadas de ese compuesto “estrella” para que aporten tal beneficio? ¿Es molecularmente biodisponible? Dudas que animo a plantearse. Sigamos leyendo.

Existe una gran dificultad de CUANTIFICAR una “mejoría” en quien lo ingiere, sencillamente porque los alimentos funcionales son un “plus” para personas SANAS, como hemos comentado no son medicamentos, están destinados a “prevenir” un riesgo, están propuestos para ser consumidos por gente sana. Por tanto para evaluar hay que MEDIR BIOMARCADORES, pero es dificilísimo encontrar biomarcadores claros en personas sanas, hay pocos claramente identificados y lo que está claro es que sin un buen biomarcardor definido, no puedes hacer un estudio para demostrar que hay un efecto beneficioso sobre tal.

Además desde aquí os animo a leer algunos ETIQUETADOS. Hacerlo, por favor. Hay cantidades de ingredientes funcionales en alimentos, meramente ridículas. No tiene sentido que tengas que beberte un litro de leche “enriquecida” al día para obtener un beneficio, cuando las recomendaciones diarias marcan dos vasos al día, por poner un ejemplo. Además relacionar esto con nuestras necesidades nutricionales. Por ejemplo, la OMS recomienda 0,3-0,5 gramos de EPA+DHA (los Omega-3) por día; 100 gramos de salmón fresco contienen 5.175mg de EPA y DHA, mientras que el alimento enriquecido con mayor omega 3 existente, la grasa para untar “La Masía” tiene solo 528mg por cada 100 gramos del producto. ¿Ahora entendéis lo de mantener una dieta equilibrada?

Que no cunda el pánico, estamos salvados. Para poner orden en el mundo de la industria alimentaria, hace unos años surgió la EFSA, la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos.

Este organismo dicta y crea normas armonizadas en toda la UE para el uso de alegaciones.  Es decir, no todo lo que un fabricante quiera decir lo va a poder decir, ya que esas alegaciones están sujetas a aprobación. En 2006 tras aprobarse este reglamento, a la EFSA llegaron 44.000 solicitudes de alegaciones de distintos productos. Para sorpresa, tan solo 222 declaraciones de propiedades saludables se publicaron en el Reglamento (UE) Nº 432/2012 de 16 de mayo de 2012.  En el siguiente link se pueden consultar tanto las declaraciones autorizadas, como las que no: http://ec.europa.eu/nuhclaims/

Y ahora, ¿a nosotros estas cifras que nos dice? A mí, que todo lo que ha habido ha sido mentira, donde la mayoría de las afirmaciones respecto a beneficios de salud, no se sustentan científicamente, sino por campañas de marketing, más preocupadas por vender que por nuestra salud.

Y ahora planteo mi última pregunta: ¿Actualmente podemos confiar en todos los productos que se anuncian, gracias a este reglamento? Desgraciadamente, no, o al menos aún no.

Los productores, a la hora de comercializar sus productos, para conseguir que sean aprobados y sacarlos al mercado, optan por añadir algún compuesto que sí tenga una alegación de salud aprobada por parte de la EFSA. Es decir, por poner un ejemplo podéis seguir tomando Actimel, que perjudicial no es, pero saber que no influye en nuestro sistema inmunológico o aún no está demostrado y por lo tanto la EFSA ha rechazo tal alegación. Si te vas al cartón, te dice que la molécula que ayuda al sistema inmunitario no es Lactobacillus casei DN-114.001 patentada por Danone, sino la vitamina B6; en sus anuncios no te dicen que han reforzado con vitamina B6,  pero es la manera de poder anunciar su producto, poder declarar que contiene L. casei y pagues por ello, ya que la vitamina B6 si posee una alegación positiva por parte de la EFSA. Pues bien, es tan frecuente la presencia de vitamina B6 en los alimentos que las deficiencias dietéticas de esta vitamina son rarísimas.

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Etiqueta Actimel (Danone)

Otro ejemplo desde el punto de vista de la biodisponibilidad, serían los zumos con extractos de granada. Es cierto que se ha demostrado in vitro, que los polifenoles contenidos en la granada son altamente antioxidantes. Sin embargo decir, que ¡no somos capaces los humanos de absorber esos principios activos! Además de que la mayoría se encuentran en la corteza de la granada, tan solo hay ciertos componentes que una pequeña parte de la población pueden metabolizar. Con ello quiero decir, que normalmente los estudios sobre alimentos funcionales, no se hacen en realidad con el alimento, sino con el ingrediente activo que añades a tal alimento. Tener en cuenta que al ingerir ese ingrediente dentro de una matriz alimentaria, la BIODISPONIBILIDAD cambia. Volvamos al concepto de dieta equilibrada del que antes hablamos y a cuestionarnos.

Con todo ello, decir que no nos toca decidir si los alimentos funcionales, funcionan o no, eso ya  lo hace la EFSA y por supuesto habrá unos que sí y otros que no. Simplemente incidir en que al consumidor le llegan muchos mensajes científicos y pseudocientíficos, por ello animarse y leer la letra pequeña de los etiquetados, razonar y buscar ensayos de evidencia científica sólida, alimentar el conocimiento y ser críticos.

María Isabel García Chumillas Bióloga y estudiante de Master en Nutrición y Seguridad alimentaria.

Bibliografía consultada Libro: “Alimentos saludables y de diseño específico: Alimentos funcionales”. Coordinadores: Dra. Manuela Juárez Iglesias y D. Alfonso Perote Alejandre. Instituto Tomás Pascual Sanz.

Libro: “Implicación Social de la Industria Alimentaria” Coordinadores: J.J. Francisco Polledo, A. Palou Oliver, J. Jordana Butticaz. Fundación Alimentum.

Libro: “La nutrición es con-ciencia”. José Antonio Lozano Teruel con la colaboración de Pilar Roca Salom y Julián Castillo Sánchez. Universidad de Murcia, 2011. Página de la EFSA: http://www.efsa.europa.eu/

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