Lo que nos hace humanos

¿Qué soy? ¿Quién soy? Es la pregunta entre preguntas, la que todos nos hacemos y de la que surgen todas las demás. “Eres una humana”, “eres un humano”, nos podemos contestar. Pero, ¿qué significa ser humano? Probablemente existen tantas respuestas como personas viven, han vivido y vivirán. Y, por supuesto, es una de las principales tareas de las filosofías, las religiones y las ciencias. Hoy vamos a explorar algunas de las respuestas que la ciencia nos da para esta compleja cuestión.

En primer lugar diremos que, como lo que a los científicos les gusta hacer es clasificar, definir y delimitar muy bien cada categoría, deberían ponerse de acuerdo en quiénes entran dentro del grupo “humano”. Y está claro que no lo hacen. Hay quienes creen que nuestra especie incluye poblaciones que hasta hace poco se consideraban distintas, como los neandertales (lo explicamos en “¿Este tipo es mi hermano?”). Hay otros que van aún más atrás en el tiempo y piensan que todas las “especies” del género Homo que han existido son realmente la misma, que ha pasado por sucesivas etapas evolutivas. Para simplificar, vamos a considerar aquí como humanos a todos los descendientes de los llamados Homo sapiens que aparecieron en África hace unos 200000 años y se distribuyeron por el resto del planeta hace tan solo 50000 años.

Homo sapiens

Homo sapiens

Los antropólogos se han esforzado durante años en elaborar un catálogo de los rasgos que nos caracterizan como especie, buscando entre ellos el que les diera la clave para resolver el misterio de nuestra “esencia”. Sí, sí, nuestra esencia. Porque ni siquiera los científicos han dejado nunca de pensar que, en el fondo, nosotros, los importantes humanos que hemos conquistado cada rincón del mundo, somos esencialmente especiales y diferentes del resto de la naturaleza. Y claro, tarea de la ciencia es encontrar las características que demuestran esta singularidad y justifican nuestro dominio sobre los otros seres. No quiero decir que dejemos de  hacernos “la pregunta” (¡¿qué somos?!), pero no debemos olvidar que cada una de las especies que han aparecido por evolución en la Tierra posee también una serie de atributos que la hacen única.

Volvamos a la ciencia. A todos nos suena esa lista de rasgos propios del ser humano: el bipedismo que dejó libres las manos para desarrollar la tecnología, el lenguaje (que explicamos en “¡Espera! ¡Estoy hablando! Pero… ¿Por qué?”) y el pensamiento simbólico, la consciencia de nuestra propia existencia y de nuestra propia muerte, el gran volumen del cráneo para alojar nuestro inmenso cerebro…  incluso la misma capacidad para hacernos preguntas como la de arriba, esa continua capacidad de reflexión que parece que sólo nosotros tenemos. ¿Cómo estudiar una lista de caracteres tan variados y distintos entre sí? Vivimos sin duda en la época más molecular de la historia de la biología, por lo que la respuesta de los científicos es clara: vamos a mirar el ADN.

Hombre de Vitruvio

Hombre de Vitruvio

Los parientes vivos más cercanos al ser humano son los chimpancés (Pan troglodytes) y los bonobos (Pan paniscus). Los científicos los observaron, nos observaron, y pensaron en lo distintos que somos. Pero cuando secuenciaron y analizaron sus genomas, en 2005 y 2012, respectivamente, pudieron ver… ¡lo parecidísimos que eran al nuestro! Es más, la mayor parte de las diferencias son  “neutras”, es decir, mutaciones que permanecen en los genomas por no tener efectos ni positivos ni negativos, que se acumulan por el simple paso del tiempo, pero que normalmente no influyen en la divergencia fenotípica entre las especies. La parte de la secuencia de ADN que puede ser directamente comparada entre los genomas resulta idéntica en casi un 99%. Cuando tenemos en cuenta los pequeños fragmentos de ADN que se han incorporado o perdido en alguna de las especies, aún seguimos obteniendo un parecido del 96% entre humanos y chimpancés o humanos y bonobos. Se estima que el número de diferencias genéticas entre Homo y Pan es diez veces menor que entre una rata y un ratón, a los que nosotros vemos tan parecidos.

Un bonobo (Pan paniscus). Fuente: http://violetcrush.wordpress.com/2010/09/02/bonobo-handshake-by-vanessa-woods/

Bonobo (Pan paniscus)

Actualmente se piensa que las diferencias no radican tanto en los genes como en la forma en la que está regulada su expresión. Un gen es un fragmento de ADN que contiene la información necesaria para sintetizar una molécula de ARN o una proteína. Las proteínas realizan la mayoría de las funciones más importantes en los organismos, entre las que destaca la función enzimática. Las enzimas hacen posibles la mayor parte de procesos celulares, incluidos la nutrición, la relación con el medio, la reproducción y la síntesis de las propias proteínas y otras macromoléculas. La producción de proteínas a partir de los genes está perfectamente regulada, principalmente por la acción de los factores de transcripción (¡que también son proteínas!) y algunos tipos de ARN (miRNA, siRNA, etc). De esta manera, un mismo gen puede tener efectos muy distintos según dónde, cuándo y cuánto se exprese. Además, será de especial importancia la regulación de los genes que se activan durante el desarrollo embrionario, que es cuando se establecen la forma y las funciones del organismo.

Cuando queremos expresar con una sola palabra lo que creemos que nos distingue del resto de animales, normalmente elegimos esta: inteligencia. Y la asociamos a un órgano en concreto: nuestro cerebro. Existe una gran cantidad de estudios sobre el cerebro humano y sus estructuras nuevas o más desarrolladas que puedan explicar nuestra capacidad de raciocinio. Desde la genética, teniendo en cuenta todo lo anterior, se busca el origen molecular, el más profundo. Se investiga de qué forma ha cambiado la regulación de la expresión de los genes que intervienen en la construcción del cerebro durante nuestro desarrollo embrionario. Vaya trabalenguas, ¿verdad? Hasta estos niveles de complejidad ha llegado la ciencia actual por descubrir la chispa que encendió la razón en nosotros.

Síntesis de proteínas a partir del ADN

Síntesis de proteínas

Como vemos, los cambios ocurridos a partir del antepasado compartido con los chimpancés parecen muy sutiles, y sin embargo, capaces de causar esas diferencias que sentimos tan abismales, entre ser humano y ser un “mono”. Podemos concluir que son más bien una cuestión de grado, que no hay un salto insalvable entre nosotros y los demás, aunque pueda darnos esa impresión, en parte porque los pasos intermedios de la evolución humana se han perdido y quedan sólo sus huesos para recordarnos nuestra ascendencia primate. Darwin ya lo escribió en su obra “El origen del hombre”, en 1872: “Debemos, sin embargo, reconocer, que el hombre, con todas sus nobles cualidades,  con su compasión […], con su intelecto, que parece divino […], sigue cargando en su condición corporal el sello indeleble de su modesto origen”. Consideremos nuestra inteligencia como otra de las muchas formas de adaptación al medio con las que la naturaleza ha dotado a sus criaturas.

Es evidente que el estudio de los genomas está revelando información importantísima. Sin embargo, aunque los genes dirigen la mayor parte del desarrollo y el funcionamiento del organismo, no “son” el organismo, y no podemos pretender encontrar en ellos todas las respuestas. Ni el cerebro ni los genes pueden nada si no es por su relación con el resto del cuerpo. Por si solos no nos hacen humanos. Porque humano es cada uno de nosotros, al completo, y tendremos que estudiar esta totalidad en su conjunto para encontrar la definición más precisa de lo que somos. Esto es una opinión. ¿Tú que piensas? ¿Qué es lo que nos hace humanos?

 Bibliografía

Carroll, S. B. (2005) “Evolution at Two Levels: On Genes and Form”. PLoS Biology.

Darwin, C. R. (1872) “El origen del hombre”.

Prüfer, K. et al. (2012) “The bonobo genome compared with the chimpanzee and human genomes”. Nature.

The Chimpanzee Sequencing and Analysis Consortium (2005) “Initial sequence of the chimpanzee genome and comparison with the human genome”. Nature.

 

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4 pensamientos en “Lo que nos hace humanos

  1. Pingback: Aprender | Efecto Paraguas

  2. [El anterior está incompleto. Debería haber una opción para eliminarlo]

    Hablaba humorísticamente Javier Krahe de lo que nos hace diferentes de los bonobos, de cómo ellos solucionan sus problemas de una forma más sencilla. Nos ponía en la siguiente tesitura:
    “Tu pareja bonoba te ha dejado por otro bonobo más apuesto. Entonces tú vas y le rompes una rampa en las costillas y si se da la ocasión, pasado el tiempo, o no, te la encuentras de casualidad y practicas el coito con ella como si nada hubiera pasado, delante de sus padres, de sus hermanos, dónde sea y cuantas veces sean. Pero esto en el humano es totalmente imposible, a pesar de compartir un porcentaje tan alto de sus genes, ¡qué cosa! Un hombre es abandonado por su mujer y se resigna a sufrir en soledad. Pasa el tiempo mitigando su pena a bebiendo de bar en bar, y la vuelve a ver por casualidad y en vez de dar rienda suelta a las pulsiones hormonales, ambos se miran con lascivia de reojo y así es como mantienen un orden civil. Acto seguido florece un cajero automático o una gasolinera. Claro, esto es una lacra, si fueras un bonobo te abalanzarías sobre ella en mitad de la calle y a la mierda la vida civilizada. A mitigar el sofoco y punto.”

    Esto está basado en un libro del filósofo Herbert Marcuse llamado “Eros Y Civilización” en el que contrapone la felicidad a la civilización puesto que el raciciocinio ase la represión de las pulsiones, y sofoca la libídine de Eros, pues solo así se permite el progreso en las civilizaciones humanas. En palabras suyas: “Los humanos no habrían creado una civilización si no reprimieran sus pulsiones eróticas”. Yo no sé mucho del genoma humano, pero en ciertos puntos deberíamos lamentarnos de esa bifurcación de caminos ARNucleico-proteínico-enzimática y apostar por una clara superioridad (especialidad, singularidad) en el libertinaje bonobo que a pesar de carecer de civilización no tiene mayores problemas.

    Por si la curiosidad le acucia a la autora, nki29, le dejo este enlace a la canción que trata sobre dos examantes que se encuentran, actúan como bonobos y la civilización se va a la mierda. Unos egoístas:
    http://www.goear.com/listen/2660b3c/eros-y-la-civilizacion-javier-krahe

    • [Comentario anterior borrado. Investigaremos cómo hacer que se puedan eliminar!]

      Algunos antropólogos piensan que hemos llegado a ser como somos por un proceso de auto-domesticación: en los miles de años que llevamos viviendo en grupos hemos ido seleccionando a los individuos más sociales -eran los que tenían más éxito para reproducirse, en realidad es un poco obvio-, y supongo que eso significa que también a los más capaces de asumir ciertas normas “inventadas” por la comunidad y de controlar sus impulsos, tanto los “chimpancianos” como los “bonobienses”. Que esto sea incompatible con nuestra felicidad individual… bueno, habrá todo tipo de opiniones.

      Interesantes Marcuse y Krahe, la situación que propone y la canción. Los primatólogos andan locos intentando determinar quiénes son nuestros primos más cercanos, si chimpancés o bonobos, y si nuestras tendencias innatas tienen más de violentas (se ha comprobado que los chimpancés organizan verdaderas guerras, muy parecidas a las nuestras, ¿o las nuestras a las suyas?) o de este bonobo-amor tan fantástico. Pero no se ponen de acuerdo y dicen que un poquito de cada… habrá que observar mejor, sobre todos a los bonobos, que empiezan a ser estudiados ahora. De momento, ¡cada uno que elija a su primo favorito!

  3. Pingback: Lo que nos hace humanos

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