Veo, veo ¿Por qué veo?

Todos de pequeños hemos jugado al veo veo y siempre preguntábamos, ¿qué ves? Hoy nos vamos a preguntar más bien: ¿por qué ves? Nos resulta tan cotidiano que apenas nos cuestionamos cómo podemos hacerlo.

Me gusta el verde, prefiero los ojos marrones y el pelo negro, el sofá lo quiero rectangular para que quede a la altura de la mesa, te veo cansado, estás muy guapa, etc. Sin duda alguna, la vista es el sentido del que más nos fiamos. ¿Deberíamos? Antes de contaros algunos de los secretos de la vista, vamos a jugar un rato.

¿Cuál de las dos mesas tiene el lado más largo?

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Es probable que sepas la respuesta, los dos son iguales. Pero si eres sincero contigo mismo, ves la mesa de la izquierda más larga que la de la derecha. ¿Nuestra vista nos está engañando?, más bien lo que nos traiciona es nuestra forma de interpretar la imagen. Por mucho que os diga que los lados son iguales, incluso aunque lo compruebes y estés totalmente seguro de que miden lo mismo, siempre te van a parecer distintos. ¿Por qué? No lo sé.

La siguiente imagen sin embargo sí que la puedo explicar. Si la observas detenidamente, verás que aunque todos los puntos son blancos, algunos los percibes como negros y, aunque intentes “pillarlos”, no puedes.

ilusiones-opticas-blanco-negro

Este fenómeno se debe a que tenemos un punto ciego en el ojo por el que salen los axones del nervio óptico y entran los vasos sanguíneos. Nuestro cerebro simplemente deduce lo que debería ir ahí, en este caso supone que tiene que ser algo negro porque el fondo es mayoritariamente negro.

Hay miles de ilusiones ópticas, pero volvamos al tema que nos ocupa. El ojo es el órgano que nos permite ver, aunque no somos los únicos afortunados de tenerlo y hay muchos tipos de ojos diferentes. Desde pequeñas manchas sobre la superficie tapizada por fotorreceptores hasta los complejos ojos de los cefalópodos, pasando por los increíbles ojos de las moscas, que hacen que no puedas matarlas por muy sigilosamente que te acerques y por muy rápido que creas que va el matamoscas.

El ojo de vertebrados, y como vertebrados que somos, tiene distintas partes.

  •  La esclerótica es una capa externa, resistente y opaca que protege al ojo de la tensión. En la parte anterior se vuelve transparente dando lugar a la córnea. La córnea está abombada y carece de vasos sanguíneos.
  • La coroides es una capa que da la coloración oscura al fondo del ojo, sus células están cargadas de pigmentos que se van a agrupar o extender para modificar la capacidad de la coroides de absorber la luz. En algunos animales, la existencia de una capa reflectante denominada tapetum lucidum en la coroides permite aprovechar cantidades de luz mínimas y por ello están adaptados a la visión nocturna.  Es por este tapetum lucidum por el que a los perros y a los gatos les brillan los ojos por la noche.
  • El iris está situado en la parte anterior de la coroides y en su zona central presenta un orificio de tamaño variable que regula la cantidad de luz, la pupila. La regulación del tamaño de la pupila se realiza gracias a dos tipos de músculos, unos músculos o fibras radiales que al contraerse abren la pupila y a otros circulares que al contraerse la cierran.
  • La retina está constituida por neuronas y fotorreceptores. En esta capa se encuentra la fóvea, que es la zona de máxima agudeza visual  y el punto ciego, del que ya hemos hablado. En la fóvea la retina se adelgaza y no contiene ni vasos sanguíneos ni neuronas.
  • El cristalino es una lente de curvatura regulable que queda suspendida tras la córnea. Es muy elástico y aunque es biconvexo en nuestro ojo, en otros grupos como los peces, es esférico.  Es el cristalino el que nos va a permitir enfocar objetos al abombarse. Esta elasticidad se va perdiendo con el tiempo y producen presbicia, o lo que es lo mismo, la vista cansada.

Ahora vamos a centrarnos en por qué vemos realmente. Los fotorreceptores, están situados en la retina y son las células encargados de captar la luz. Existen dos tipos: los conos, que sirven para percibir el color, y los bastones, que se encargan de la visión en blanco y negro. En uno de los extremos de estos fotorreceptores se encuentra el pigmento fotosensible, es el que va a cambiar al llegar la luz, en nuestro caso ese pigmento fotosensible se llama rodopsina y está compuesto por dos subunidades. Al llegar la luz una de las subunidades cambia de forma, va a ser esta modificación la que transmita una señal al extremo opuesto del fotorreceptor. Este extremo va a dejar de liberar neurotransmisores, que son moléculas que se transfieren de neurona a neurona, como ya explicamos en “El alcohol se nos sube a la cabeza”. En oscuridad estos fotorreceptores van a enviar señales, es decir, neurotransmisores, permanentemente.

Autor: Francisco José Iniesta García

Autora: Sixtine Malfait

Estos fotorreceptores se agrupan en pequeños conjuntos que envían la información a una única célula receptora, una célula ganglionar, la que va a mandar la señal al sistema nervioso central. Estos conjunto de denominan campos receptores. Esto quiere decir que  se necesita que se exciten muchos fotorreceptores para que la información llegue al cerebro.

En muchas ocasiones estos campos receptores están diseñados para percibir imágenes concretas. Por ejemplo, los conejos tienen campos receptores que reconocen rápidamente cruces. ¿Por qué cruces? Muy sencillo, sus depredadores naturales el buho real (Bubo bubo) y el águila imperial ibérica (Aquila adalberti)  al volar forman una cruz en el cielo. La existencia de estos campos receptores permite que huyan con más rapidez.

Por último, decir que la información de cada ojo va a llegar a los dos hemisferios del cerebro. Esto es así porque la retina está dividida en dos zonas, una hemirretina nasal que envía la información al hemisferio contrario del cerebro y una hemirretina temporal que manda la información a su propio hemisferio, es decir, la hemirretina temporal izquierda dirige la información al hemisferio izquierdo y la derecha al derecho.

Para terminar voy a dar la razón a todas esas madres del mundo que insisten, insistían e insistirán en que comamos zanahoria porque tiene mucha vitamina A y es buena para la vista. ¿Recordáis la rodopsina, el pigmento que captaba la luz? Una de sus dos subunidades es un derivado de la vitamina A, por lo que nuestro cuerpo la necesita para sintetizar este compuesto. Así que ya sabéis, las madres tienen razón, aunque no tengan ni idea de ciencia y te griten por las mañanas que si no te bebes el zumo de naranja se le van las vitaminas (no se van pero si se oxidan y pierden su función), tienen razón. A mí la mía me hacía zumos de naranja y zanahoria. Gracias mamá y de nada, madres del mundo.

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